por Janet Noseda, 

Psicóloga. Magíster en Psicología Clínica.

Trabaja temas de sexualidad y género desde la Teoría Post Feminista y Queer

Empezaré contando la historia de Juan, hombre Transexual de 26 años, haciendo la siguiente pregunta al lector: ¿sabe usted que es una persona Transexual? Si la respuesta es no, lamento informarle que usted es parte de la invisibilización que sufren estas personas. Es casi como si no existieran… y creo que esto no es azaroso. Es que la sociedad vigila constantemente los cuerpos que la componen. Los modela, los retoca, los convierte en cuerpos de plasticina que moldea a su antojo, convirtiéndolos todos en cuerpos de hombre o de mujer.

No hay cabida para otros cuerpos. ¡Pero la sola idea de que los cuerpos sean sólo dos es absurda! Hay miles de millones de tipos de cuerpos que se escapan a la heteronormatividad. Hay cuerpos con senos y pene, cuerpos con pene atrofiados, cuerpos con ovarios y con pene… pero estos cuerpos se retocan inmediatamente por la ciencia para hacerlos según lo que se entiende que es el ser humano: hombre o mujer. Aparece la silicona para tener pechos grandes, la extirpación de órganos, la utilización de la farmacopolítica a través de hormonas en mujeres con mucha testosterona… ¡y para qué decir la pastilla anticonceptiva! Que inserta más estrógenos que nos feminizan y nos fingen nuestras menstruaciones.

Antes de contar la historia de Juan, aclararé a aquellos que respondieron a mi pregunta inicial con un “no”, que un hombre Transexual es aquel ser humano que nació con vagina pero construyó un género masculino. No, no es anormal. No, no es cierto que ciertos cuerpos deban corresponderse con ciertos tipos de género, como si el género viniera de nacimiento… el género es una construcción social, una invención. Si usted hubiera nacido fuera de la cultura, digamos en la selva¿actuaría con los roles aprendidos de lo que es ser mujer o ser hombre?

Juan tiene 26 años y es un hombre Transexual. Siempre se sintió un hombre, a pesar de haber nacido en un cuerpo con vagina, al que luego se le sumaron un par de senos que lo incomodaban enormemente. Comenzó a inyectarse testosterona cada tres meses, hace aproximadamente tres años y fue entonces que se dio cuenta de lo moldeable que era la carne humana. Su voz cambió a otro tono más grave, absolutamente diferente a su voz antigua. Su menstruación se detuvo. Los rasgos del rostro se endurecieron y aparecieron vellos donde antes no había. Incluso su vagina también se transformó, desarrollándose el clítoris del porte similar a un dedo pulgar y hasta tiene prepucio. Recuerdo que una vez me mostró fotos y un video donde aparecía con su cuerpo femenino. Era otra persona. Para mí hoy, Juan es un hombre, y cuando caminamos por las calles de Santiago, veo cómo los demás también piensan lo mismo, porque lo tratan como hombre.Nadie sospecha de su pasado como mujer… hasta que muestra su cédula de identidad. He vivido con él esos vergonzosos momentos. Noto inmediatamente como se sonroja, se avergüenza, se pone nervioso. Recuerdo una tarde en que lo acompañé a retirar la testosterona de la farmacia. Mientras esperábamos en la sala de espera a que lo llamaran, me dijo nervioso:

-Amiga por favor, necesito pedirte algo (con tono bajo, como un secreto. Lo miré y estaba sonrojado)

-¿Qué cosa?

-Necesito que cuando me llamen por parlante, vayas tú con mi carnet a retirar la testosterona.

Yo lo miré con cara de interrogación pero entendí que su temor era por que en su cédula de identidad aparecía su nombre femenino y lo iban a decir por alto parlante para que “Juana” (el nombre de la cédula) se levantara a retirar el medicamento pero en lugar se pararía Juan, un hombre. Nadie sabe la angustia que esto provoca en una persona Transexual, hasta que lo vive en carne propia.

Hace un año que Juan está intentando cambiar su nombre y sexo de forma legal. Puede postular a ello porque se extirpó los senos. Sí, en Chile sólo los Transexuales que se hayan operado, retocado sus cuerpos para asemejarlos a lo que se espera, pueden cambiar su nombre (el problema está en que no todas las personas Transexuales odian sus cuerpos originales, como se piensa. Conozco bastantes mujeres Transexuales que no quieren extirparse el pene, porque les gusta su placer genital, pero no les queda otra opción si quieren visibilización legal). Si Juan se cambia de nombre, ya no tendría que pasar más vergüenzas y podría ejercer en la carrera que estudió. Su causa está en tribunales hace mucho tiempo pero pasa de abogado en abogado, sin que le den una respuesta clara… pareciera que nadie en tribunales entiende sobre Transexualidad. Hace unos días me llamó por teléfono y noté de inmediato que estaba angustiado y triste.

-Amiga, me están pidiendo un examen de ADN para cambiar mi nombre.

-¿De ADN? ¿y para qué?- le dije sorprendida y con un poco de risa, porque yo sabía que quizás podrían haberle pedido una carta cromosómica… ¿pero de ADN?

-Es que dicen que en el ADN también se ven mis cromosomas y si soy XY me cambian el nombre. Si no, me tengo que quedar así.

-¡Pero es estúpido! ¿me estás diciendo que una célula va a definirte? ¿las células tienen sexo acaso?- Me dio rabia y subí mi tono de voz, porque sabía lo importante que era para mi amigo cambiar su sexo. Podría casarse con su novia de hace cuatro años, encontrar trabajo, etc. Pensé de inmediato que el habría nacido como XX y que si se hacía el famoso examen, estaba perdido.

– ¿Y si no te lo haces?- pregunté

-No me cambian el nombre.

Silencio. ¿Cómo era posible tanta ignorancia en el sistema judicial? ¿Nadie sabe lo que es la Transexualidad? ¿Nadie sabe que el género no se define por un cromosoma? ¿A nadie le enseñaron que las células no son ni masculinas ni femeninas, porque esos conceptos son sociales? ¿Nadie sabe que el sexo es genital, cromosómico, gonadal y social?

Esa tarde me quedé con rabia. Me sentí impotente. Yo sabía mucho de género y sexo, pero no podía ayudarlo, porque finalmente una célula, iba a definir su historia. Recordé a Michel Foucault y su libro de biopolítica, donde explicaba cómo nuestros cuerpos son vigilados y castigados. En Chile la biopolítica se hace carne en el cuerpo de mi amigo Juan y de mis amigxs Transexuales en general. Los obligan a pasar por cirugía y a heterosexualizar sus cuerpos y sólo una vez que estén modificados como se desea socialmente, pueden ser integrados a la sociedad y en este caso, quieren asegurarse con una célula “masculina”. Juan no tiene derecho a construir su género, porque no le pertenece. Le pertenece al Estado.

En España y Argentina, todas las personas pueden cambiar su sexo y nombre de forma legal sin que se les exija una cirugía previa. En Chile sin embargo, se pide lo contrario y además, se solicita un pase psiquiátrico para la cirugía que acredite que esa persona es Transexual y tiene la identidad de género que reclama tener. ¿Acaso esto no es biopolítica? Como Psicóloga, considero que no tengo ningún derecho a decirle a otro cual es su género, porque cada quien tiene el derecho de auto definirse. El género es aprendido culturalmente, es una fantasía, una narración cultural traspasada de generación en generación que reduce sólo a dos opciones la amplia posibilidad de SER en el mundo y como si fuera poco, ¡le da más importancia al género masculino que al femenino!.

Por esto creo que la discusión principal, no es si personas del mismo sexo puedan o no casarse y no es luchar por el derecho de las “mujeres”. Creo que el meollo del asunto es luchar para que no exista el género.

*He cambiado los nombres, para proteger la identidad del protagonista de esta historia. Todos los demás hechos son verídicos.

Fuente: El Dínamo